También librando las posibles imprecisiones, por no haber sido testigo, sino sólo partícipe del relato del suceso, compartiré con vosotros otro de los momentos que en Nazaret se han vivido y son dignos de enmarcarse en el grupo de los milagros.

Otra vez en Las Colonias de Nazaret porque representan el momento en que los riesgos se incrementan; cuando los monitores se esfuerzan en controlar a los chavales y “los mayores” se centran en que no falte de nada…el momento también de que un percance nos aflija a todos. Es curioso que en éstos contextos, durante más de 40 años, sólo recordemos pequeños percances sucedidos, a pesar de que nuestros chavales podrían ser protagonistas de sucesos de mayor importancia. Mi madre siempre decía que Dios estaba velando para que no pasara nada importante.

Aquél año, 1984, hacíamos la Colonia en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y había un niño, llamado cariñosamente “Seve”, que era un caso complicado, autista y que por su situación, había que estar especialmente atento a él, sobre todo en la playa.

No podía haber un niño más inadecuado para perderse, pero ocurrió!!…y obviamente, al detectarlo, se organizó una búsqueda infructuosa, hasta llegar al Cuartel de la Guardia Civil.

Allí estaba Seve, tan tranquilo, custodiado por aquellos Agentes, que cuidaron al muchacho como un hijo; mi padre, preguntó al Guardia Civil quién lo había encontrado para poder agradecerle de alguna forma que lo hubiera llevado sano y salvo al Cuartel y el Agente le dijo que ocurrió algo absolutamente inexplicable.

Un hombre de mediana edad, con barba corta y absolutamente cordial, dejó al niño con verdadera tranquilidad en el Cuartel, explicando que lo había encontrado en la playa y seguro que vendrían a buscarlo en breve. El propio Agente no acertaba a explicar por qué no identificaron a aquél Samaritano, como era el protocolo y casi lo básicamente razonable, pero contó que aquél hombre desapareció sin dejar rastro, nada más salir del Cuartel.

Podemos creer o no en la posibilidad de que el mismo Jesucristo condujera de la mano a “Seve”, o que fuera una casualidad que el rigor militar de la Guardia Civil, justamente se quebrantara en ésta ocasión, o que era un turista que se escabulló entre la gente al salir del Cuartel pero, sea como sea, fue una situación en la que podíamos pensar en la intervención Divina, justamente cuando era necesario.

La confianza en la presencia de Dios es la que hace que se manifieste; mi madre era un ejemplo de esa presencia, desde la acción, un Dios caminante, cercano. Su obra ha hecho de Nazaret lo que es; un entorno de mujeres y hombres arrimando el hombro, activos, ejemplares en muchos aspectos y débiles en otros, como humanos que somos, pero con sensibilidad y ganas de dar cariño a los demás.

Sin ninguna duda, Dios está velando por todos nosotros!!

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