
🏕️Una experiencia que deja huella
El Campamento de Verano Nazaret es el fruto del esfuerzo y la entrega de un grupo de personas que se desvive por los niños, con una experiencia acumulada de muchos años.
Creemos que un campamento es una experiencia maravillosa para los menores: una oportunidad de aprender, disfrutar y crecer en un entorno de convivencia, amistad y naturaleza.
Durante doce días inolvidables, los niños y niñas participan en una gran variedad de actividades —juegos, canciones, talleres y dinámicas— pensadas para su crecimiento personal y social, siempre adaptadas a sus edades y capacidades.
Todo el proyecto se diseña con un profundo respeto por el medio ambiente y con una temática anual que da sentido a cada actividad, fomentando la participación, cooperación y solidaridad.
🌿Educar desde la esperanza
La educación es el mayor motor de cambio de la sociedad actual.
Por eso, cada actividad, cada sonrisa y cada momento compartido en la Colonia de Verano Nazaret se orienta a acompañar el desarrollo integral de los menores en los planos educativo, lúdico, afectivo y social.
La labor del educador está llena de esperanza.
Trabajamos para que cada niño y niña descubra el gusto por aprender, por disfrutar y por crecer; para que puedan llegar a ser personas libres, críticas y comprometidas, capaces de decidir con razón y con corazón.
El compromiso de los animadores va mucho más allá del juego: su entrega y profesionalidad son el reflejo de un sueño común, el de hacer de este mundo un lugar más justo, equitativo y habitable.
Testimonio de una monitora
«Si tuviera que elegir una palabra que describiera en su conjunto lo que son las «colonias de verano Nazaret» elegiría la palabra LUZ.
Tú, que estás leyendo esto, pensarás que esta luz de la que hablo es la que llevamos los monitores a los niños cada año; esa esperanza que necesitan, esa ilusión y ese cariño que tanto merecen. Si me preguntarais a mi o a cualquier monitor, estoy convencida de que todos dirían los mismo: esa LUZ es la que nos dan los niños.
Desde el primer año que comencé como monitora en las colonias el mayor afecto, el cariño, la alegría y la entrega es todo lo que transmiten nuestros chicos.
Son ellos los que merecen un respiro, un oasis en medio de su difícil vida… y curiosamente son ellos mismos los que en estos días de campamento llenan todo de LUZ… arrasan donde van con su energía, no dejan que nada pase inadvertido estén donde estén y nos contagian a todos con esas ganas de vivir que tanto nos faltan en nuestro día a día.
Yo no quiero que ninguno de estos chicos olvide nunca los días que pasan en las colonias…todos los que hemos participado en ellas les vamos a deber una toda la vida…han llenado de luz nuestras vidas en algún momento y ojalá alguna vez podamos salvar sus sonrisas de la misma manera que ellos salvaron la mía»
✨Palabras de Iria, coordinadora de la Colonia
«Terminan estos doce días de algo que es mucho más que un voluntariado. Cada año que pasa tengo más claro que esto es un acto de fe colectivo. Que esto ocurra: que se consigan todos los recursos económicos, materiales y humanos necesarios y que todo salga bien, año tras año, durante casi cincuenta, es un milagro.
Estaréis de acuerdo conmigo en que la experiencia es, cuanto menos, intensa: física, psicológica y emocionalmente. Llegar así de agotados al último día, es lo normal. El cansancio es la muestra auténtica de haber entregado mucho.
Hay muchas cosas que a mi me enamoran de esta experiencia pero, a nivel de equipo de animadores, lo que más me gusta es que aquí no hay lugar para el reconocimiento ni el postureo. El mood «supervivencia» en el que estamos deja poco tiempo para alimentar el ego. Si alguno llega buscando eso creo que pronto descubre que, a priori, este campamento te quita más de lo que te da pero, con el tiempo, creedme que te deja más de lo que creías incluso merecer.
Nos hemos tirado 12 días hablando de niños que cargan mochilas más pesadas que sus cuerpos: la mochila de la soledad, del abandono, de los adultos que les han fallado… Pero vosotros les habéis devuelto el derecho a ser frágiles; a ser niños.
Cada llanto consolado, cada juego bien preparado, cada cuento leído antes de dormir, cada cura, cada peinado, cada vaso de agua, cada mimo… han sido puntos de sutura de los que dejan marca.
Yo os propongo que ahora os regaléis el tiempo necesario para miraros dentro:
Es común sentir no haber dado lo suficiente. Si es así, os felicito. Es señal de que vuestro compromiso es mayor que vuestro ego.
Es normal sentir inseguridades: ¿lo habré hecho bien? ¿Esto era lo que debía hacer? ¿Habré llegado de verdad a algún niño? Es síntoma de que os importa la infancia en situación de vulnerabilidad; de que no sois ajenos a ella.
Y si algo más profundo ha emergido, si algo de lo vivido estos 12 días os ha removido heridas propias (actuales o antiguas), yo os animo a que no las ignoréis porque no es casualidad: el servicio, cuando es verdadero, nos hace de espejo.
Este campamento no transforma únicamente a los niños, nos transforma a los adultos también.
Daos el permiso para sentir esa incomodidad que es sagrada porque es el lugar donde Dios hace crecer lo nuevo.
Lo que este campamento consigue sembrar en los niños, lo hace en lo más profundo de su ser y florecerá con el tiempo. Nosotros no lo vamos a ver, eso es así, pero la fe y la esperanza nos hacen estar convencidos de esto.
El día que Ashley sepa lo que vale, recordará este campamento. Cuando Maris elija no rendirse, cuando Thiago cumpla años, cuando Derek descubra que es un referente para su hermano, cuando José Manuel deje de tener miedo a quedarse solo, cuando Jesús se sienta comprendido, cuando Yaiza se sienta digna de amor y Lena descubra el tesoro que es tener una amiga, reconocerán sentimientos que tuvieron aquí.
Los superhéroes de Xàtiva 2025 no hay duda de que no somos nosotros. Nosotros somos (que no es poco) testigos humildes de la belleza que puede llegar a haber en las grietas del mundo. Ahora toca contarlo y defenderlo.
Gracias por dejar que este campamento os rompa un poquito para rehaceros aún más humanos. Para mi ha sido un lujo aprender de cada uno de vosotros durante todos estos días.»
❤️Un verano que cambia vidas
La Colonia de Verano Nazaret no es solo un campamento: es un espacio donde los niños y niñas descubren su valor, se sienten acompañados y vuelven a creer en sí mismos.
Y también es un lugar donde los animadores renuevan su fe en la vida, en los demás y en la posibilidad de construir un mundo mejor.
Cada verano, Nazaret vuelve a encender esa luz que ilumina el camino de todos los que participan.
Una luz que se comparte, que transforma, y que nunca se apaga.











