
Una buena persona
Teresa Rosingana Gómez fue esposa de Fernando Domínguez Palacios y madre de 7 hijos, además de nuestra fundadora, junto con otras personas que compartían su mismo agradecimiento hacia lo que recibieron en algún momento complicado de su vida.
Nuestra fundadora falleció en el año 2016 y la actividad de la Asociación se ha mantenido, incluso ha crecido por el compromiso de los voluntarios que entendieron que esa obra no podía perderse.
Teresa nos regala estas palabras:
«Empezaré contándoos el por qué una señora con tantos años sigue trabajando con ilusión y tesón para que un puñado de familias, abuelos y niños sientan las Manos Grandes de Jesús, y El se vale de mucha gente como vosotros, como yo, como muchos otros para que podamos transmitir a través de la acción, la solidaridad y fraternidad en este mundo difícil que nos toca vivir.
Hace ya muchos años, mis hijos eran pequeños aún, y durante algunos años pasamos experiencias duras, de enfermedades, falta de trabajo, indiferencia de los Servicios Sociales del barrio (a los que nunca yo había acudido porque no tuve necesidad) y por Obra del Espíritu Santo, aterricé en la Casa Profesa de Los PP. Jesuitas de la calle de Maldonado de Madrid, conocí al nunca olvidado Padre Lorenzo Almellones Naranjo, que dirigía el Grupo Kostkas. Hablamos durante mucho rato, mi situación anímica era la de una madre y esposa impotente para afrontar tantos problemas. El me hizo comprender que no estaba analizando mi papel en la familia como era mi deber… mi respuesta fue llorar y llorar, y después de esas lágrimas inolvidables seguí frecuentando su despacho. No puedo explicaros qué vio el Padre Lorenzo en mí, pero desde entonces me dijo que tenía que ayudarles a visitar a familias que estaban en parecidas o peores situaciones que la nuestra.
Durante tiempo fue un camino de reconducir mi vida espiritual, que por muchas causas estaba debilitada. Lo cierto es que, poco a poco, me di cuenta que con esperanza y perseverancia, superábamos dificultades…
Un día el Padre Lorenzo sugirió la idea de crear una asociación dentro del barrio de San Blas para ayudar a muchas familias emigrantes de otros puntos (Extremadura, Andalucía…) y junto con los Montañeros de Santa María, dimos carácter a la Asociación Comunidad de Promoción Familiar Nazaret (1977). Impartíamos clases de Apoyo escolar a niños en sus propias casas, acudía a emisoras de radio: Cope, Ser, para pedir fondos, una silla de ruedas o una cama para quien le hiciese falta. Limpiábamos cocinas y baños por doquier; ya venían grupos de la Pastoral de los HH. Maristas, Salesianas, Cristo Rey… así empezó todo.»
Escucha su historia
Contada por ella misma, en la presentación de un libro de un benefactor de la Asociación:
Testimonios
Yo Conocí a Teresa
No me es fácil escribir algo sobre como conocí a Teresa porque de esto hace ya más de 40 años…
Yo Conocí a Teresa
No me es fácil escribir algo sobre como conocí a Teresa porque de esto hace ya más de 40 años.
Seria hacia el año 77 cuando comencé a ver a Teresa. Yo estaba en la Congregación de los Kostkas y todos los años se organizaba una Campaña de Navidad, yendo a las puertas de los grandes almacenes para pedir dinero que luego repartíamos entre familias necesitadas a lo largo del año, sobre todo en San Blas, un barrio del norte de Madrid.
Entre esas familias estaba el matrimonio compuesto por Fernando, Teresa y algunos de los 7 hijos que irían haciendo a lo largo de los años. Teresa venía de Plasencia, dejando sus raíces para encontrar en la capital un porvenir para su familia.
Como decía El P. Almellones, “ya ha venido Teresa y me ha sacado algo para su familia”, esa será a lo largo de su vida una de sus cualidades que luego pondrá al servicio de tantas familias a las que ha asistido a través de la Asociación Nazaret. Su insistencia y su capacidad para convencer, y sobre todo tocar el corazón, sería el arma que utilizaba cuando tenía que acudir a algún ministro, director de empresa, etc. para sacar algo para las colonias de verano o para la fiesta de reyes de cada año, o para el reparto de alimentos que hacía cada mes, o para el comedor que puso en su barrio.
Esa Teresa que venía a los Kostkas para pedir para su familia dinero o comida, se convirtió, con el paso del tiempo, en el Ángel de San Blas, o en la Teresa de San Blas, emulando la acción de la Madre Teresa de Calcuta.
Cuando la vida de Teresa y Fernando se fue estabilizando encontrando trabajo y pudiendo sacar adelante a su familia quiso devolver aquello que había recibido, y lo hizo con creces, ya no venía a Maldonado a solicitar ayuda para ella y su familia, sino que venía a decirnos a los jóvenes que fuéramos generosos y dedicáramos parte de nuestro tiempo en visitar y ayudar a muchas familias que vivían en San Blas y que no tenía lo que ella había conseguido.
Poco a poco Teresa fue ganando mi corazón y me ayudo a encontrar en los pobres a un Dios misericordioso y bondadoso, la visita semanal a familias de San Blas, la colaboración con la Asociación Nazaret en las largas jornadas para preparar los paquetes de comida que repartía en Navidad, la preparación con esmero de los juguetes para repartirlos en la noche de Reyes, la organización de las Colonias en Los Barrios (Cádiz) fueron lugares privilegiados para vivir mi compromiso social y cristiano.
Destacaría también de Teresa su ilusión por las cosas, no le sonrió la vida, no le fue fácil, pero era una mujer optimista, echada para adelante y con capacidad para sortear las adversidades, a veces se acercaba la fecha de alguna actividad y no había los medios para poder realizarla, pero ella estaba convencida que se realizaría y así era, en el último momento parecía alguien que ofrecía lo que en ese momento se necesitaba.
Teresa era una mujer de una fe profunda en Dios, no era muy practicante, como podemos entender y decimos habitualmente, ella misma lo reconocía, pero no dudaba en rezar y pedirle a Dios por las necesidades que se presentaban en la Asociación de Nazaret y sabía agradecer lo que el Señor iba haciendo a través de ella, también “discutía” con Dios cuando había alguna dificultad y siempre era capaz de sortearla y encontrar una respuesta.
Teresa para mi fue parte de mi familia amplia, recibí de ella cariño, su casa siempre la tenía abierta, participé en eventos familiares, en alegrías y sufrimientos y aunque así sucedía nunca perdía la amabilidad y sonrisa, le podía más el corazón que la cabeza.
Deseo que este homenaje que se le va a tributar con la publicación de la Historia de la Asociación Nazaret sea un reconocimiento a sus desvelos y preocupaciones por tantas familias que han pasado por la Asociación.
Termino diciendo que si Teresa era así en parte se debe a que detrás de ella había un buen hombre, Fernando, que también puso su granito de arena para que la Asociación Nazaret sea lo que hoy es. En muchos momentos puso una nota de realismo y equilibrio entre lo que se podía hacer y lo que se hacía.
Un fuerte abrazo y mis mejores deseos para la andadura de la Asociación después de Teresa, seguro que ella estará velando desde el cielo por el fruto de todos los proyectos que se realicen.
J.M.Peco
Teresa, alguien que entra en tu vida y se queda
Calculo que sería vísperas de Navidad del año 77, quizás 78, no estoy segura….
TERESA, ALGUIEN QUE ENTRA EN TU VIDA Y SE QUEDA
Calculo que sería vísperas de Navidad del año 77, quizás 78, no estoy segura. Pero en esos años, yo estaba en el Colegio que tenemos en la madrileña calle de Emilio Ferrari, tan sólo tres estaciones de metro nos separan de Simancas.
Por entonces (soy salesiana), animaba el grupo de Montañeras que teníamos en el Colegio y que salíamos hacer marchas con frecuencia, acampadas, campamentos de verano, etc. Pero en los grupos siempre hay crisis y en las mayores empezaba a escuchar: “es que a mí ya no me llena”, “necesito algo más…” y yo buscaba ese “algo más” que animara al grupo a crecer en compromiso y profundidad.
Un día, al volver de una reunión me llamó mi directora y me dijo: “Ha venido una señora a pedirme ayuda para la Campaña de Navidad, de una Asociación que tienen en San Blas, que se llama…” ¡No me acuerdo!, me dijo. Pero, siguió diciéndome, me ha llamado la atención lo que me decía y le he pedido el teléfono para que hable directamente contigo. Un poco escéptica la llamé y quedé con ella. Media hora de conversación fue suficiente para darme cuenta de que era una persona con un carisma especial y que lo que me estaba diciendo salía de un corazón lleno de amor hacia los más necesitados de su barrio.. Siguió la cadena y le dije a mis montañeras: Mañana va a venir a hablaros una señora que he conocido y que quiere que le echemos una mano en la Campaña de Navidad. Y ahí empezó toda la historia.
Campaña de Navidad en la que pasamos horas y horas reparando juguetes recogidos en grandes Colegios, envolviendo regalos, llevando comidas a familias de ese barrio, conociendo situaciones desconocidas para mis muchachas y para mí hasta entonces y fue el final de ese lamento “a mí ya no me llena”.
Siguiendo sus indicaciones, fuimos conociendo familias, situaciones muy difíciles, llevándoles no sólo cosas materiales sino nuestra compañía y apoyo. Empezamos a ir a buscar a niñas que estaban en internados y los llevábamos a sus casas los fines de semana y los recogíamos después para volver a dejarnos en sus “hogares” porque su familia natural no los cuidaba. Conocimos a una familia con tres hijos inválidos, jóvenes en sillas de ruedas, pero con una fuerza increíble… pasábamos tardes jugando con ellos al parchís, charlábamos y sentíamos que nuestras vivistas les hacían felices.
Cuando nos quedaba un rato libre durante la semana, se empezó a hacer rutina ir a casa de Teresa, guitarra en mano, cantar a voz en grito con ella nuestras canciones de montañeras, a cambio de rico vaso de café con leche, puesto sobre el hule de su mesa, pero con tanto cariño que era difícil decir adiós cuando se nos hacía tarde. Empezamos a conocer a Fernando, su marido, a sus hijos, sus vidas y aquella casa, unidas a las de las familias que visitábamos era algo ya de nuestro grupo.
Llegó el verano y con ello las Colonias de Sanlúcar, Tarifa, Castellón.
Teresa tenía, entre otras muchísimas cualidades, el arte de sacar dinero para los demás. Y yo lo comprobé en la forma que tenía de conseguir dinero, locales, acondicionarlos, comida, lo que hiciera falta.
Recuerdo que en las Colonias de verano que pude participar, yo era un poco “su ayudante”. La consigna era: a ningún niño le puede faltar nada. “Si ves que lleva una chancla rota… si ves que le falta algo… apunta”. Íbamos a comprar comida y si las peras estaban a 3, no os preocupéis que a Teresa se las dejaban a 1. Y es que abría la boca y convencía. He visto auténticos milagros. Tenía un fuego dentro que abrasaba al que se acercaba…
Cuántas cosas podría contar, pero creo que no podré extenderme demasiado.
Pasaron los años, me fui de ese barrio, luego fuera de Madrid, otra vez volví… Mis muchachas crecieron, se casaron, se fueron también del barrio algunas, pero sé que nombrar a Teresa es recordar una época de la vida muy especial.
Aunque no haya seguido la cercanía física, NUNCA he perdido el contacto con ella, he sabido de sus penas y alegrías, de sus logros y sus decepciones, de su salud y también de los momentos de debilidad. Sé que ella contaba conmigo y yo con ella para poder hablar de corazón a corazón. Éramos amigas y eso es el tesoro que dice el Evangelio.
He sabido del vuelo natural de sus hijos, del nacimiento de sus nietos, del comedor que abrió para dar comida a muchos mayores que vivían solos, de esa Asociación Nazaret que crecía, que se formalizaba a nivel oficial, que repartía comida y que escuchaba y daba consuelo a tanta gente. Por no hablar del apoyo escolar, de tantos y tantos voluntarios…
Y siempre con su humor, con su ánimo aun cuando su salud, posiblemente desgastada por el exceso de trabajo, por los madrugones para ir a Mercamadrid a buscar comida para darla a las pocas horas, etc. etc. empezaba a flaquear.
Estuve con ella en su casa, poco tiempo antes de su último ingreso en el hospital y a la llamada de su hijo Fernando para decirme que estaba peor, el día de la Inmaculada, fui corriendo a verla y estuve con ellos, acompañando sus últimos minutos. Le di un beso en la frente, sin que ella ya pudiera reconocerme, le puse una imagen de la Virgen entre sus manos, y supe que, cuando recibí la llamada de su hijo antes de que yo llegara a casa de vuelta, para decirme que acababa de fallecer, supe entonces que había llegado Teresa de San Blas al cielo. La Virgen, el precioso día de su fiesta, la habría acogido con un gran abrazo
Gracias, Teresa, por tu vida, por tu precioso ejemplo, por todo el bien que has hecho, por la riqueza de tu sencillez, por haber pasado por la vida haciendo el bien, sin mirar a quién, por la herencia que has dejado a tus hijos, por lo bien que ataste todos los hilos de la Asociación Nazaret para que siga creciendo y haciendo tanto bien en ese querido barrio de Madrid. Reza por nosotros.
Francis
Conocí a Teresa Rosingana
Conocí a Teresa Rosingana como compañera de trabajo en la Residencia…
Conocí a Teresa Rosingana
Conocí a Teresa Rosingana como compañera de trabajo en la Residencia Norte, de la Comunidad de Madrid.
Con el apoyo de su marido Fernando y sus hijos, ayudaba a todo el mundo, atendiendo a las más diversas necesidades. Era una máquina de hacer el bien, de forma incansable, utilizando los más ingeniosos y originales recursos para conseguir lo que fuera, para los demás.
Como tantos otros, yo también recibí su ayuda y cariño, por lo que fue para mí una satisfacción, poder corresponder con mi pintura artística, como el retrato del Padre Lorenzo Almellones (1995), cofundador con Teresa Rosingana, de la Asociación Nazaret.
En 2017, a petición de sus hijos, hice el retrato póstumo de Teresa. Mirar su fotografía durante horas y días, fue muy emocionante. Imaginaba su amena conversación, aderezada con espontáneos y graciosos tacos que nos hacían reír a todos. Fue un diálogo postrero de lo más entrañable y reconfortante.
Todo un honor poder retratarla, con fotografía y recuerdos.
Un abrazo para toda la familia.
Juan Manuel Pérez Hernández
Juanma
Me gustaría hablar
Me gustaría hablar de quiénes fueron en mi vida Fernando y Teresa y que supuso para mí la…
Me gustaría hablar
Me gustaría hablar de quiénes fueron en mi vida Fernando y Teresa y que supuso para mí la Comunidad de Promoción Familiar Nazaret.
Cuando diariamente piensas en Fernando y Teresa (están en mis oraciones; son ángeles de la guarda que me cuidan desde el más absoluto estado de amor que son) veo a mis segundos padres.
Amo y quiero a mis padres como a Fernando y Teresa, pero ellos me inculcaron el poder decidir desde el amor de la acción.
No podríamos hablar de Teresa sin la figura presente y continua de Fernando en su vida y viceversa.
La unión de los dos era el motor de la Comunidad de P. F. Nazaret y de los voluntarios que en ese momento estábamos allí.
Recuerdo que con sólo 15 años, Teresa visitó el Colegio Sagrado Corazón en Madrid para pedir voluntarios y noté en mi corazón la sensación de que debía ayudar a los demás. Y así fue como comencé la andadura en Nazaret.
No voy a describir y detallar la cantidad de obras sociales que realizó la Comunidad de Promoción Familiar Nazaret en esos tiempos (1977 en adelante):
Visitar enfermos, campañas de alimentos, colonias, campaña de navidad, ir a la radio a dar testimonio del servicio que realizábamos, clases a niños, etc…); pero, si me quiero detener en algo, para mí, mucho más importante. Teresa y Fernando nos movían, nos lideraban, nos permitían amar a los demás desde el servicio del amor. No quedarnos parados y luchar por el más necesitado (que al final también era yo) y Fernando y Teresa nos lo daban con su testimonio.
Fueron unos años en los cuales (gracias al amor que desprendían) hacíamos cosas impensables: ir a hablar en la radio, pedir en la campaña de navidad donativos por las calles con megáfonos, pedir en las parroquias al salir de la Eucaristía, colonias de verano, etc…
Y lo más importante desde mi experiencia de vida con 61 años que tengo, es que fue el comienzo de lo que soy ahora. No sería la misma persona sin la presencia de Fernando y Teresa en mi juventud. Ellos me hicieron subir los primeros peldaños de esa escalera dura y maravillosa de mi vida desde el servicio del AMOR.
Por eso su alma y su espíritu están vivos diariamente en mí.
Gracias Teresa y Fernando por ser parte importante de mi vida y de mi Ser.
Javier de la Puerta
“De la Comunidad Nazaret a mi Trayectoria Personal y Profesional: Aprendizajes y Valores Duraderos”…
“De la Comunidad Nazaret a mi Trayectoria Personal y Profesional: Aprendizajes y Valores Duraderos”
Desde mi infancia, crecí en una familia modesta que siempre cultivó inquietudes sociales en mí, a pesar de las limitaciones económicas. Uno de los capítulos más impactantes y formativos de mi juventud fue mi participación en la comunidad Nazaret, donde a los 18 años tuve el honor de convertirme en uno de los primeros presidentes.
La comunidad Nazaret, aparentemente sencilla, se reveló como un faro de solidaridad y ayuda a los más necesitados. Este compromiso social no solo fue una experiencia transformadora para mí, sino que también me brindó la oportunidad de conocer a personas extraordinarias, siendo Teresa Rosingana una de las figuras más representativas.
A primera vista, ser presidente de una comunidad puede parecer un cargo trivial, pero rápidamente comprendí que ayudar a quienes más lo necesitan es una obra de profundo valor. La labor en la comunidad Nazaret no solo se limitó a distribuir recursos, sino que también implicó un compromiso con la construcción de un tejido social sólido y sostenible.
Lo que aprendí en Nazaret trascendió los límites de la benevolencia. Se convirtió en un cimiento para mi vida personal y profesional. Los valores que se inculcaron en mi juventud se han convertido en pilares fundamentales que guían mis acciones y decisiones en mi día a día.
La figura inspiradora de Teresa Rosingana, que dedicó su vida a mejorar la calidad de vida de quienes la rodeaban, se convirtió en un faro que ilumina mi camino. Su ejemplo de abnegación y servicio a la comunidad me sirvió como modelo a seguir, influyendo positivamente en mi desarrollo como individuo comprometido con el bienestar colectivo.
Aquella experiencia juvenil de más de cinco años en la Asociación Nazaret sigue siendo un tesoro de recuerdos en mi memoria. Cada actividad, cada proyecto y cada desafío que enfrentamos como comunidad contribuyeron a formar mi perspectiva de la vida y reforzar los valores que ya había adquirido en casa.
El espíritu de Teresa Rosingana, el alma mater de la comunidad Nazaret, junto a la gente a su alrededor, sigue en pie y continuará para las generaciones venideras que se esfuercen por mantener vivo este hermoso proyecto. Su legado no solo perdura en los recuerdos, sino que se manifiesta en la firme voluntad de la comunidad de seguir adelante, enfrentando nuevos desafíos con la misma dedicación y esencia que nos dejó Teresa.
Estoy convencido de que la chispa encendida por Teresa en Nazaret continuará iluminando el camino de aquellos que se sumen a esta noble causa en el futuro. Nazaret no solo es una comunidad, es un compromiso eterno con la solidaridad y el bienestar común que trasciende las fronteras del tiempo. Agradezco a esta comunidad por haberme proporcionado no solo un espacio para ayudar a los demás, sino también una plataforma para crecer como ser humano comprometido con el bien común.
Salvador Torres
Teresa Rosingana
Hace más de treinta años, tuve la enorme suerte de conocer a Teresa a través de un amigo de mi…
Teresa Rosingana
Hace más de treinta años, tuve la enorme suerte de conocer a Teresa a través de un amigo de mi hermana Belén y, al instante descubrí que era una persona excepcional. Profundamente cristiana, solidaria y de una generosidad extrema, con unos valores tan profundos que nunca llegaron a tambalearse. Era como un árbol enorme y precioso, cuajado de múltiples ramas, estando su marido y sus hijos en las principales, y siendo una persona tan generosa, no dudó en incluirnos en esas ramas a todas las personas que conocía y nos quería. Trataba con todas las personalidades de Madrid, tanto políticas, como empresariales importantes y nunca, absolutamente nadie, le cerró las puertas de estos despachos. Era «una fuerza de la naturaleza» y ante esta fuerza todos sucumbíamos.
Inquieta ante las injusticias sociales y conocedora del panorama que tenía cerca, era lógico que crease la Asociación Nazaret, para ayudar a tantas y tantas personas que se encontraban en serias dificultades económicas y en régimen de exclusión social.
También cada verano me animaba a participar en el campamento de Cheste donde, gracias a ella, los niños podían disfrutar del mar, campeonatos y juegos que en Madrid no tenían. Nunca me animé a acompañarle y después, como siempre sucede, me arrepentí ya muy tarde.
Al poco tiempo empezamos con el tema de la lotería de Navidad, ella tuvo siempre muy claro que deseaba poder ayudar a las familias más necesitadas de San Blas. Nunca le importó ir a donde fuese con tal de entregar sus papeletas de lotería para no dejar de vender ni una. A Teresa no le daba pereza absolutamente nada, fuese la hora que fuese allí estaba, recogiendo y entregando cosas.
Al tener mucho trato cercano, pude varias veces hablar con ella de la enfermedad de su queridísimo Fernando. Una vez más esta mujer no se dejó llevar por la tristeza ni la pena, siguió trabajando intensamente como de costumbre. Al despedir a su marido, después de toda una vida juntos, siempre decía «Fernando me envía fuerzas para continuar».
Recuerdo cuando se puso malita, una vez más no dedicó ni un segundo en lamentaciones ni quejas, tiró para adelante, como decía siempre «hasta que el Señor me llame». Mi querida Teresa fuiste un regalo y un ejemplo a seguir para mí, descansa y disfruta de tu Fernando toda la eternidad.
Cristina San Román
Así viví y sentí la Colonia Sanlúcar 1985
Lo he pasado tan bien que, no sé casi cómo empezar a contaros lo que han supuesto para mí estas…
Así viví y sentí la Colonia Sanlúcar 1985
Lo he pasado tan bien que, no sé casi cómo empezar a contaros lo que han supuesto para mí estas vacaciones.
Eran las 8 de la tarde del día 31 de Julio, y me encontraba en un autocar lleno de niños con los que compartiría 15 días. Punto de destino: Sanlúcar de Barrameda. Y gracias a estas colonias en las que he participado como monitora, he conocido por dentro el espíritu de la Comunidad Nazaret.
Han sido 100 niños de edades 7-12 años, 24 monitores y, llevando el timón de todo el grupo, Domingo P. Claretiano y Manolo Hno. del Sagrado Corazón. También un grupo de personas mayores se encargaban del mantenimiento para que todo funcionase, sobre todo las comidas que degustábamos con avidez pequeños y mayores.
En esos quince días que quedaron atrás en fechas, muy presentes todavía en mí, tuvimos tiempo de cantar, jugar, ir a la playa cada día, excursiones, ratos de oración, conocernos un poquito… porque sus corazones son sencillos y claros como el agua, porque saben querer de una manera especial. Ha sido para mí, de verdad, una experiencia única, que me ha ayudado a descubrir lo mucho que puedo dar, a valorar el gran esfuerzo que hacen mis padres por mí.
En Sanlúcar, junto a los niños de San Blas me he sentido pequeña y cada día que viví junto a ellos, mi corazón se esponjaba de alegría por la suerte que tuve de estar allí. De todo he sacado la conclusión de que el mundo puede cambiar, y yo voy a intentar cada día superarme en esas pequeñas debilidades que a veces tanto nos cuestan superar. No voy a dejar secar esa semilla de amor que he sentido florecer dentro de mi alma en esos quince días y regaré en acción hacia los demás.
Y no quiero terminar sin hablar de gente como son los responsables de Nazaret que sin dar grandes muestras de lo que hacen, son laboriosas y silenciosas hormiguitas.
Gracias por darme la oportunidad de conoceros y, contad conmigo siempre.
Isabel Margarita
Isabel Margarita – Colonia Sanlúcar 1985
Te lo contamos todo!
¿Quieres Saber Más Sobre Nosotros?
¡Te invitamos a conocer nuestra historia y misión en la Asociación Nazaret! 🌟
Desde 1977 trabajamos con familias y niños en situación de vulnerabilidad, ofreciendo apoyo, acompañamiento y proyectos sociales.
Todo lo que hacemos es gracias al esfuerzo voluntario y al compromiso de quienes nos ayudan.
Cada gesto suma para transformar vidas y construir comunidad.
Visita nuestra página y descubre más sobre nosotros💛


